Archivo de la categoría: Viñetas amarillentas

Didáctica extravagante

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Ya lo proclamaba en 1978 desde Río de Janeiro aquel pillastre de Ronald Biggs  junto a unos descabezados Sex Pistols: nadie es inocente. Y menos aún quien se dedica a desbastar conciencias, sea pedagogo, instructor o maestro. Suyo es el deber de aleccionar, actividad necesaria pero nada inocua, ni siquiera cuando la criatura humana apenas ha pasado de bebé. Vean por qué lo digo.

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Los silabarios eran como la cartilla escolar, los cuadernos Rubio o cualquiera que sea hoy su equivalente: el instrumento escogido para que la virginal mente del crío fuese aprendiendo a leer y de paso se enterase de cómo es el mundo que le aguarda. Estos que les presento son del último tercio del siglo XIX, era poco dada al eufemismo, muy lejana de la corrección política actual.  Capturen la imagen, amplíenla y obtendrán un bonito fondo de pantalla para sus monitores.

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Ya lo ven, entre lo crudo, lo cotidiano y lo extravagante oscila la cosa. Con la S, suicidio, con la F, fusilado, con la A, arca de Noé, y con la Ñ, ñiquiñaque. Entreténganse en mirar las imágenes: todas parecen trascender su significado primero.

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Querella, ruina, hospital, usurero, ñengahibas, demonio: elección de palabras acerada y extravagante. Las clases sociales, los prejuicios, las categorías, la autoridad, el premio a la obediencia y el castigo al insumiso, el aprendizaje de la paciencia, el lugar de cada cual: el Orden en la Vida expresado como quien no quiere la cosa en cuarenta y seis viñetas. Y en otros tantos pareados no menos regocijantes y asombrosos…

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¡Los Superhombres en Valencia!

¡¡LOS SUPERHOMBRES IBÉRICOS ATERRIZAN EN VALENCIA!!
¡Nadie se pierda el acontecimiento, en primicia mundial se presenta en la Librería Bartleby de Valencia el colosal volumen “Superhombres Ibéricos“! ¡Con la presencia de don Álvaro Pons y el autor, Pedro Porcel! ¡Y del Abuelito, y de Micharmut, y de Marfisan, de Super Pumby y de Fu Manchú!! ¡¡El LUNES 15 DE DICIEMBRE A LAS SIETE Y MEDIA!! ¡El evento del año!

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¡¡Superhombres Ibéricos!!

 

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¡¡Por fin aterrizaron los Superhombres Españoles en la península!! Ya puede enciontrarse en los mejores establecimientos del ramo la colosal historia de estos seres que han poblado tebeos, novelas populares y hasta películas hispánicas desde los años treinta hasta ahora mismo, como quien dice…

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Publicado el libro por Edicions de Ponent, la escritura corre a cargo de mi nietuco predilecto, don Pedro Porcel, en un volumen de gran formato llenito hasta la bandera de fenomenales ilustraciones, datos, anécdotas y jolgorio diverso. Y para que no se diga que el Abuelito no ha contribuido a esta empresa justa y necesaria, he tenido a bien redactarle un Prólogo como está mandado. Que coloco acá porque me da la gana, para que puedan leerlo todos. ¡Bien seguro estoy de que tras leerlo no podrán resistir el impulso y correrán a adquirir tan sensacional estudio! ¡¡Se lo recomiendo por su bien!!

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                              PRÓLOGO DE SUPERHOMBRES IBÉRICOS

Una vieja y un viejo van p´Albasete, van p´Albasete… lairo lairo lairo lailairorairo lailairolailo… ¡Demontres! ¿Hay alguien ahí? Perdonen que no les haya visto antes, me han encontrado en pleno jolgorio regocijante. Esperen que me repeine, me aclare la voz y comienzo: este es el prólogo de un sesudo ensayo sobre las formas múltiples del mayor icono de la cultura popular de nuestro tiempo y… No, no, no: este libro, nadie se engañe, es una fiesta. Alegre y celtibérica, como debe ser, danzando me han pillado tras su lectura.

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 Es más, un libro que no sea una fiesta, flaco favor hace a cualquiera.

 Superhombres Ibéricos es un banquete colectivo con asistentes gloriosos y bizarros, enmascarados, bicéfalos, supermanes chuscos, señores de frac, chinos uñilargos, artistas pobres y jovencitas chispeantes. Un estudio placentero de los superhéroes, esas criaturas improbables y pelín prepotentes que todo el mundo toma por norteamericanas. Y que no obstante arraigadas están en esta Piel de Toro desde que comenzase aquel siglo XX atribulado y eterno. 

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 Nada es porque sí. Antes de saberse tal y lucir el reglamentario pijama multicolor, el superhombre ibérico anidó en los predios elegantes y desquiciados del folletín. Vistió bata blanca y frecuentó probetas ejerciendo de científico de imposibles inventos que le situaron muy por encima del común de los mortales. Y fue bárbaro ceñudo de músculo y espada, gustando ya como sus descendientes de solventar sus fantásticos conflictos a palo limpio. Su estirpe es europea y carpetovetónica, mal que su aspiración y destino haya sido la de convertirse a toda costa en americano.

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 Antes de conseguirlo encarnó en tebeos, en novelas y filmes olvidados. Rescatar su peripecia es el propósito de este libro, camino fecundo y alegre, como queriendo desmentir tan a menudo la miseria de su circunstancia real. Recordar autores enterrados, homenajear intrascendentes criaturas, descubrir el trazo sutil, casi subterráneo, de su evolución a través del tiempo.

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 Y gozar, gozar hozando en el pasado, degustando frutos recónditos, exóticos y sin embargo familiares. Voluntariosos, imperfectos, dignos de amor y sorna, superhombres ibéricos como nosotros mismos. Pasen, vean y reconózcanse.  

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El Diablo y TBO

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Ni Frankesteines, ni vampiros, ni momias ni lobisomes: del panteón del horror la más española de todas las criaturas es el demonio de cuernos, rabo y patas de cabra. No podía ser menos en esta tierra asolada por veinte siglos de catolicismo riguroso. Miedo de sotana y sacristía, del que remueve las entretelas y ofrece lección moral, tal es la celtibérica costumbre. Traigo hoy un temprano tebeo de terror facturado a comienzos de los años veinte por un autor a quien no consigo identificar, donde campa el demonio a sus anchas en una historia de pactos y almas perdidas de aquellas tan nuestras. La primera ocasión, tal vez, en que Satanás asoma a la viñeta nacional. Entera se la voy a dejar para que la lean les guste o no, que obligado es conocer de verdad las raíces. Más que nada para que luego no vengan demagogos que les inventen otras más a su gusto…  

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PEPITO RAYO CONTRA FLASH GORDON

 

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Hay que ver lo gagá que un anciano como yo puede llegar a estar: tantos años recibiéndoles en esta casa y todavía no había asomado por aquí una de las más colosales GRANDES PERSONAS CON BIGOTE que haya hollado la península ibérica, el gran JUAN GARCÍA IRANZO, inmortal creador de tebeos, estilista preciso, sabio narrador en imágenes y cachondo expresionista avant la lettre. Hoy se corrige este error trayéndoles a una de sus criaturas menos conocidas, el piloto interplanetario Pepito Rayo.

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Aunque El Cachorro (1951) sea su obra más conocida -entre los pocos de ustedes que recuerden aquel Caribe esperpéntico y desmesurado- y Kosman (1960) su creación más genial, no se queda atrás este Flash Gordon de opereta y subdesarrollo que responde al castizo nombre de Pepito Rayo. Llegado a la Luna y tras lidiar en el circo un Cerdo-Toro que riega por doquier sus ricos frutos, casa Pepito con Nina, la soberana, que sin lazo matrimonial previo no podía la censura aprobar entre ambos una convivencia prolongada. Concluida la ceremonia, toca recorrer el universo en busca de jarana, como corresponde a cualquier aventurero sideral que se precie.

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Nadie se engañe por el trazo humorístico del autor, presente igualmente en sus historietas más realistas: Pepito Rayo es canónico émulo de Flash Gordon, y como tal enfrenta seres híbridos -hombres martillo, hombres clavo u hombres gorila-, monstruos de toda laya, reinas espaciales con ganas de fiesta y tiranos de sospechoso mostacho recortado. Pura fantasía de hambre y ensueño, aparecida en modestísimos cuadernos hacia 1946, tan fresca y lozana hoy como entonces, por más que nuestra congénita desmemoria se empeñe en sostener lo contrario…

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Pascual Enguídanos en el Espacio

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Hubo un tiempo, décadas hace, en que los españoles iban al espacio exterior cada dos por tres. Cohetes, extraterrestres, escafandras y razas ignotas eran moneda corriente en las calles de Madrid, Valencia o cualquier otra urbe de la Piel de Toro. A poco más de peseta salían los viajes que con frecuencia semanal se desplazaban a los más remotos rincones del cosmos, antes de que fantasías foráneas acabaran con nuestras particulares líneas aéreas galácticas. Del kiosco al cielo fue su lema.

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Una de las más afamadas bases espaciales era dirigida desde el Levante español por don Pascual Enguídanos, más conocido en el siglo como George H. White. Viajero incansable, sus exploraciones de lugares y tiempo futuros son recordadas incluso hoy. Los Aznar, incómodo apellido, le acompañaron en sus periplo más conocido, mas no fueron los únicos: años más tarde se unía a ellos Fredy Barton el Audaz, que visita hoy esta casa. Era el año de gracia de 1959.

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Fredy, junto a su novia y un señor con bigote calvo y regordete, visitó galaxias diversas, siempre a la contra de los seres que con por allí topaba: robots humanos, cabezones de orejas puntiagudas, marcianos malas pulgas o amazonas diversas, habitantes de raigambre literaria, que es la que desde los bolsilibros originales inspirase esta crónica en viñetas.

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Cartógrafo y fotógrafo de la expedición fue don Fernando Cabedo, veterano en estas lides, minucioso, detallista, clasicote, de estética muy británica. Una excelente incursión hispana en los espacios siderales, tal vez no muy original en su gordoniano planteamiento, pero en toda caso más que digna de recuerdo y encomio: hace tanto ya que de los kioscos ibéricos no parte viaje alguno más allá de la estratosfera…