Trueno y Jabato contra los Monstruos

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Con el Capitán Trueno y el Jabato, tan sobrexplotados en todos los sentidos, pocas dudas caben. Todos ustedes sabrán de sobras que son hermanos; que el mayor es Trueno; que ni uno vive en la Edad Media ni el otro en los días del Imperio Romano, habitantes que son del soñado territorio de la aventura; que la codicia de editores y adláteres los ha hecho incurrir más de una vez en el ridículo, por mal que a ellos les sepa. Penúltima muestra, ese filme moderno destinado a convertirse en pasto de las sesiones trash del cercano futuro, junto a otros clásicos de la litrona como Supersonic Man o los Jesuses Francos de turno.

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Siendo única meta de su creador Don Víctor Mora el divertir y maravillar al lector, no es extraño que los Monstruos se crucen constantemente en el camino del Capitán, Crispín y Goliath, la Santísima Trinidad del Tebeo. Vegetales, reptilescos, antediluvianos, pulpos voladores o improbables robots gigantes, ninguno falta a su cita para acabar escaldado. ¡Cuánto agradecemos siempre los monstruoadictos, simplones como somos, la irrupción de lo extraordinario, aunque no se trate más que de unos señores vestidos de bacalao!  

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Pertenecen estos prodigios de lo grotesco a la primera de las explotaciones que los hermanos sufrirían: la colección El Capitán Trueno Extra, de 1960. Allí, en manos ajenas a las de sus verdaderos padres, empezarían los héroes a desvirtuar su esencia. Perdiendo calidad tal vez, pero no gracia, que por arrobas la tienen  estas portadas de don Juan Martínez Osete, una de nuestras Grandes Personas con Bigote preferidas de todos los tiempos. AQUÍ les presenté hace tiempo otras de las bizarras e ingenuas creaciones de este ejemplar proletario de la viñeta.

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Condenado en su existencia sin tiempo a repetir uno tras otro los pasos dados antes por Trueno, El Jabato tuvo también su propia revista en 1962; como su hermano mayor, no tardó en caer en las garras tanto de San Martínez Osete como de los monstruos que pululan por aquellos mundos de oropel y disfraz. Las arañas gigantes, vaya a saber por qué, son una constante, además de los consabidos ofidios. Todo a lo grande, que ya saben que en el tebeo la desmesura es regla, y si hay que bajar a la arena del circo al Jabato, demasiado vulgar sería enfrentarlo a un solo un gorila cuando bien capaz es él de despacharlos de seis en seis.

Imágenes que golpean la vista con la fuerza de su candidez y expresividad,  tan eficazmente perfectas a despecho de puretas y academicistas…

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18 Respuestas a “Trueno y Jabato contra los Monstruos

  1. ¡Qué locura de portadas! ¡Pura fantasía bizarra! Guauuuuuuuuuu…

  2. Mucho mejores, me permitirá usted, que las del Trueno Color y las que han venido después, técnicamente mejor hechas pero sin la mitad de emoción y capacidad de maravilla que las que aquí se exhiben…

  3. Y lo que me cuesta explicar a veces a los jóvenes -y no tan jóvenes- que mucho antes de que el viejo Capitán y El Jabato se tropezaran con asuntos tan descabellados, habían sido llevados de la mano de sus autores por aventuras emocionantes e inolvidables. Sobre todo, Trueno, cuando tenía por padre gráfico a un tal Miguel Ambrosio “Ambrós”. Abrazos, Abuelito.

    • Aventuras inolvidables, en efecto, señor Anónimo, todas las concebidas por sus autores originales en los cuadernos: guiones modélicos, dibujos sentidos a flor de piel, cimas del último avatar de lo folletinesco…

  4. Alfonso Montaño

    Las portadas de Trueno Color y Jabato Color eran acuarelas de Antonio Bernal, atractivas, pero, ay, a veces no se correspondían con el interior. Don Antonio ha confesado que no leía las historietas. Cuando Ambrós, Darnís o Martínez Osete dibujaban las portadas conocían evidentemente las viñetas. No obstante me agradaría una entrada que mostrase la portada de Bernal que corresponde a “¡El despertar de un horror!”, con una fortaleza construida en “¡La isla maldita de Fungio!” que no es tal, sino el caparazón de una gigantesca tortuga. También está grabada en nuestra memoria la portada de “Klinga y el pozo del olvido”, donde el Jabato se enfrenta a un cangrejo colosal surgido de las entrañas de una gruta submarina.

  5. “Señores vestidos de bacalao” Imposible, Abuelo, condensar mejor la suma de baratura + delirio que genera la magia de la serie B. Por cierto que la criatura de la primera portada del Jabato parece sacada del Marte de Burroughs, con sus multiplicadas extremidades…

    • Delirio que, si no lo hay, no hay prodigio; baratura que por más que se convierta en cicatería, rara vez logra empañar el resultado… ¡Viva la fantasía de consumo puro!!

  6. Ay, esas de Bernal que nombra usted por aquí no están, que si no se las mostraba… Los ácaros del Desván me exigen comer sólo ediciones originales, y el papel de después de 1965 no les gusta pero nada de nada… y no quiera saber lo rabiosos que se ponen si les intento dar gato por liebre!

  7. Abuelito, ahí me toca usted algo más que la fibra estética, porque una cosa es el desván del imaginario, ese panteón que la casualidad nos hizo habitar (todo ya estaba allí), y otra cosa muy diferente son los dioses que uno escogió adorar. Yo crecí dentro de esos tebeos y el adn del Capitán Trueno y del Jabato bulle en mis venas.

    • “Crecí DENTRO de esos tebeos…” No puede expresarse mejor ese poso de fidelidad que toca casi con las ciénagas del subconsciente que mantenemos algunos fieles, aunque casi ni recordemos porqué, con algunas de las viñetas primigenias… Le comprendo, Don Enric, la objetividad y hasta el oremus se pierden cuando alguna aparece por ahí; en mi caso habría de añadir -como supongo usted- algunas otras cabeceras sagradas a las de Trueno y Jabato…

  8. Lo de que un personaje grite “horror” siempre me pirra, por facilón que sea, o tal vez por eso…

    • Ese grito anticipa en el lector la llegada de lo extraordinario -por cutre que luego se presente- y por eso no puede evitarse el escalofrío de placer cuando uno lo ve escrito…

  9. Abuelito, me asombra la capacidad que tiene de sintetizar en una frase las nebulosas ideas que muchos sentimos y no somos capaces de plasmar en algo concreto. Algo como hermanar tranquilamente al Capitán Trueno y al Jabato, o situar sus hazañas en ese limbo sin tiempo que es el “soñado territorio de la aventura” hace que nuestros corazones den un saltito, pierdan un latido y latan a otro ritmo más reconfortante. Muchas gracias.

    • Ante tan encendidos elogios no puede evitar mi corazón dar saltitos como esos que usted evoca… gracias, don Satur; se ve que a base de tanto frecuentar esos territorios del papel amarillento se familiariza uno tanto que las palabras salen como solas desde la vena al teclado… algo así será!

  10. Entrañable Victor Mora. Le oí decir en una entrevista que cuando tenía problemas con los censores usaba su seudónimo Victor Alcázar.
    Posteriormente se publicó otra explotación: El Corsario de Hierro.
    Saludos. Borgo.

    • Conoció don Víctor las cárceles franquistas y el exilio político, por el acoso policial al que era sometido; desde Francia, me parece, alumbró a ese primo hermano de Trueno y Jabato que usted nombra, y que es el último de los grandes personajes de la historieta de aventuras española… un día habrá que volver sobre él en profundidad…

  11. ¡Caramba Abuelitorl! Qué buenas portadas! Y qué grandes contertulios amiguetiles tiene Ud. Como el Sr Montaño, que me ha sorprendido al contar que la autoría de estas magnas obras pertenece a Antonio Bernal, un genio del color y la destreza, que tan ocupado debía andar por su estudio, lleno de tarántulas y mónstruos que olvidaba leer los guiones.Y claro, en portada anunciaban fieras de Borneo, y en su interior igual sólo había lucha de hormigas gigantes… En cualquier caso, la disculpa no es ni necesaria.

    • Por alusiones. Gracias por su comentario, empar07. Pero yo me refería a las portadas de Trueno Color y Jabato Color, que son reediciones posteriores a los originales que aquí muestra el Abuelito; éstas son de Martínez Osete, y sí corresponden al interior, también dibujado por él. Las de Bernal son más artísticas, pero, ya digo, en El Jabato donde aparecían unas viñetas de Darnís con pigmeos, Don Antonio pintaba negros watusi (“Prisionero”). O lo que eran unos vendajes por las heridas inflingidas al héroe, Antonio Bernal lo interpretaba como coraza (“El fin de Kimberlán”). Saludos.

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