Cuando Ahab tenía dos piernas

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MOBY DICK

Director: Lloyd Bacon. Con John Barrymore, Joan Bennet, Noble Johnson, Lloyd Hughes. USA, 1930

Aunque no son muchos quienes han leído el texto original de ese hombre prodigioso que fue don Germán Melville, todo el mundo conoce la historia de Moby Dick: el joven Ismael embarca en el Pequod, comandado por el capitán Ahab, a quien le falta una pierna que ha sustituído por un hueso de ballena, resentido como está por su odio hacia el animal blanco, Moby Dick, al que ha jurado dar muerte.

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¿Lo recuerdan, verdad? Pues hala, vayan olvidándolo que en esta ocasión nos encontramos ante una simpática especie de precuela, como se dice ahora, de la historia clásica. Comienza el filme con la llegada a puerto de un barco donde Ahab viaja como arponero. Chulesco, atarzanado, haciendo cabriolas desde el mástil a un ciento de hembras emebelsadas que le contemplan reconociendo en él al genuino macho alfa. Luce, claro está, sus dos piernas, su bigotillo y su alegre palmito, que para eso es el gran Juan Barrymore. Desembarca Ahab derechito a la taberna, encogorzándose en lugar de acudir con todos los demás a misa,  acompañado de una pilingui gorda y vulgar y de su fiel Quequeg, aquel  salvaje  de tatuajes y raro moño que vivía para matar cetáceos y adorar a su pagano Dios del Mar.

Irreverente, descreído y borrachón, acaba por irrumpir en la iglesia para robarle la novia  a su hermano: todo muy en la línea Barrymore, excesiva, gesticulante, como siempre comiéndose la pantalla él solito.

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Nada de Ismael, que ni asoma; ni del Pequod, que aquí se llama Shangay Lady; la historia cuenta el nuevo periplo del arponero Ahab y de cómo pierde la pierna a manos de la ballena blanca. Un espectáculo excelentemente mostrado, con irreprochables decorados, un buque perfecto hasta en los más mínimos detalles y unas escenas de la caza del animal que ni Juan Huston lograría superar un montón de años después.

Hay que ver cómo se le avinagra el carácter al pobre Barrymore cuando se queda cojo, convirtiéndose por fin en el cenizo patahueso que nos presentara Melville, enloquecido y resente contra el Universo entero.

John Barrymore and Others in Moby Dick

Narra la segunda parte del filme el descenso a los infiernos de Ahab, acuático tártaro donde el histrionismo de Barrymore encuentra gustoso acomodo, agarrando el timón en medio de las tormentas mientras impreca blasfemo el auxilio de Lucifer. Acompaña su periplo un conjunto de tripulantes a juego, harapientos, esclavizados, reducidos a una subhumanidad adelantada por el grotesco Quequeg, hermano de Ahab en su otredad, brujo nativo que parece encontrarse en medio de la condena como pez en el agua. Un tono entre el pulp y lo metafísico y un pulso narrativo que no decae un instante hacen que se perdonen con creces los modos algo ingenuos de la historia.

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Mas si semejante sordidez al filo de lo religioso hubiera agradado sin duda a Melville, no ocurre lo mismo con Hollywood, que ha sabido siempre que eso de contarnos que al final de la vida viene la muerte no ha vendido jamás una escoba.

Así que con las mismas, se suceden unas escenas en las que el furioso Ahab se las ve por fin con su Némesis, la arponea hasta dejarla hecha un alfiletero y la manda después al Otro Barrio. Exorcizados su demonios, los modales se le endulzan, regresa a puerto y se queda por fin con la chica, como está mandado. No quiero ni imaginar qué diría don Germán de semejantes libertades con su texto: a mí, la verdad, no me parece mal, que la película es al fin y al cabo la mar de disfrutable y en ningún sitio está escrito que la fidelidad sea por sí  virtud cinematográfica…

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17 Respuestas a “Cuando Ahab tenía dos piernas

  1. Abuelito, no tenía ni idea de esta precuela de “Moby Dick”. Pero sea cual sea el resultado un Juan Barrymore en acción vale un Perú. A mí me gusta ese histrionismo que se mueve en la frontera del cine mudo y el sonoro, cuando hay clase, claro está.

    • Y en el caso de Barrymore -como en el de sus ilustres parientes Lionel y Ethel- hay que reconocer que la tiene a raudales; en este filme -que por cierto anda por emule- derrocha sobreactuaciones de las que tanta devoción nos inspiran…

  2. Soberbio, acongojante!!! Inédito tenía este glorioso despropósito, a buscarlo voy como alma que lleva el Pequod. Un Ahab buenrollero y que ¡¡Al fin!! Logra su objetivo. Amazing, es lo único que se me ocurre.

    • Sorprendente de veras, y hasta muy de agradecer, pues en el fondo siempre deseó uno que Ahab matase a Moby Dick, que Wendy no abandonase Nunca Jamás y que Pinocho siguiese siendo de madera…

  3. Ja, ja… ¡es un evagelio apócrifo del gran Melville!

  4. La idea de una precuela a Moby Dick, que encima acaba bien, es absolutamente blasfema… pero ¿quién más blasfemo que el propio Ahab?

  5. Abuelito, me ha sorprendido con la existencia de esta “precuela”. Zarpo raudo a intentar “capturarla”, antes de proseguir en mi búsqueda de Cara cortada.

  6. Yo tampoco conocía esta precuela. Quequeg es casi igual que el de la versión de John Huston. Pero Ahab… ¡qué diferente al de don Gregorio Peck! Y que conste que Peck también sobreactuaba; pero no tanto como John Barrymore, del cual conozco más sus papeles en el cinema mudo que sus posteriores trabajos sonoros.

    • De Anónimo, nada, señor Sistema-informático-del-Desván Comosellame. Yo soy Alfonso Montaño, alias Doctor Zarkov o Zarro, que está intentando comentar las excelentes entradas del Abuelito y no consigo hacerlo como antes, en el Antiguo Desván. El Abuelito y yo estamos muy mayores para estas moderneces informáticas. ¡Simplicidad ante todo, por favor! Creo que por culpa de ello he duplicado o triplicado el comentario sobre el Moby Dick de Barrymore.

  7. Alfonso Montaño Alonso

    Yo tampoco conocía esta precuela. Quequeg es muy parecido al de la versión de John Huston. Pero Ahab… ¡Qué diferencia con don Gregorio Peck! Y que conste que Peck también sobreactuaba, pero no tanto como John Barrymore, del cual he visto más cinema mudo que posteriores trabajos en el sonoro.

  8. Abuelito, perdone que repita mis comentarios, pero entre que este nuevo Desván no funciona como el Blogger de antes y que a un servidor le han obligado a cambiar el correo electrónico ando loco! loco!! locooo!!! como Ahab, y como mi avatar el doctor Zarro.

    • No se preocupe, don Alfonso, a nuestras edades toda mudanza es trastorno, mas ya verá cómo, al igual que yo, acaba por aclararse con estas tareas, más que nada porque no nos queda otro remedio… al menos así lo espero para poder seguir contando con sus comentarios…

  9. ¡Todos somos Ahab! Comienzo a dejarme crecer el bigotillo barrymoriano pero ya mismo…

  10. Abuelito, viendo su comentario sobre las andanzas de Barrymore, creo que todos disfrutaríamos si comentase El Ladrón de Bagdad protagonizado por Douglas Fairbanks.

  11. El filme que cita usted es una obra maestra absoluta, que tuve la fortuna de poder ver en su día en la pantalla grande… Tal vez la vuelva a ver, pues su sentido de la maravilla y los decorados de Cameron Menzies me fscinan; si así lo hago, por aquí caerá la reseña, don Satur…

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